sábado, 25 de julio de 2009

OPINION DEL DIARIO EL MERCURIO DE CHILE

Sábado 25 de Julio de 2009
Mayor pragmatismo en Honduras

A un mes del inicio de la crisis de Honduras, se debate la necesidad de flexibilizar las fórmulas para solucionarla. Fracasaron los ultimátums para reinstalar al depuesto Presidente Zelaya incondicionalmente, como lo pretendían la OEA y EE.UU. También se frustró su retorno bajo las condiciones del mediador, el Presidente Arias, de Costa Rica. Hasta este último, luego del rechazo de su propuesta, declaró que será necesaria mayor flexibilidad y que no bastan la amnistía más el adelanto de las elecciones a octubre. Ahora, el depuesto Presidente intenta ingresar a Honduras por la fuerza, y el desenlace de tal operación es de incierto pronóstico.
La comunidad internacional incurrió en un diagnóstico equivocado: no consideró la firmeza del gobierno de Honduras para resistir la presión internacional ni su total rechazo al restablecimiento de Zelaya, a quien insiste en procesar por abuso de poder. Los observadores externos tampoco consideraron el respaldo del partido de Zelaya a su extrañamiento, ni el apoyo a su destitución por los restantes poderes del Estado y por una considerable suma de referentes, incluida la Iglesia católica. También desconocían cuán impredecible es Zelaya, la ineptitud de su gobierno, su dependencia de los presidentes Ortega y Chávez, y su disposición a utilizar los mismos medios de éstos, es decir, la peligrosa forma de un regreso forzado. En fin, se menospreció la eventualidad de un potencial derramamiento de sangre y el pésimo precedente para la región de una intervención foránea. Se olvidaron los catastróficos resultados para Centroamérica de la intervención de EE.UU. y de Cuba en los años 80. Entretanto, el pueblo hondureño, el segundo más pobre del continente, sufre el costo del cierre de fronteras, el corte de la ayuda humanitaria y las restricciones al financiamiento y al comercio internacional.
Pero han surgido dudas fundadas sobre la forma de normalizar el proceso democrático, y cunde una profunda preocupación por el caos y la violencia generalizada que podría causar una imposición de fuerza. Algunos países y la mayoría de los senadores republicanos estadounidenses han comenzado a plantear que, en vez de la intransigencia de reponer a un gobernante depuesto, más valdría actuar con pragmatismo y así evitar mayores desastres. Y tanto más, si el pragmatismo consiste en adelantar al máximo las elecciones presidenciales, para que el pueblo hondureño, sin Zelaya ni Micheletti en la Presidencia, sea el que resuelva la crisis mediante la democracia.
Hasta ahora, la OEA, por principio, se opone a esta fórmula e ignora el peligro de una guerra civil y de la intervención extranjera. Su insistencia en su arriesgada, rígida y antes fracasada posición envuelve riesgos elevados, y el impredecible desenlace compromete su prestigio, la convivencia pacífica en Honduras, la influencia de Chávez en la región e, incluso, la eventual reelección del secretario general de la propia OEA.

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